La justicia argentina rechazó un planteo de la “Asociación Civil Abuelas de Plaza de Mayo”, que buscaba que una nieta recuperada fuera obligada a utilizar el apellido de sus padres biológicos.
En este caso, en el que intervenimos en defensa de los derechos de Miriam Fernández, el Tribunal de Casación confirmó que Miriam —nieta recuperada Nº 127— puede continuar utilizando el apellido Fernández, con el que vivió durante más de cuarenta años, en lugar de los apellidos Poblete y Moyano, correspondientes a sus progenitores biológicos. Posteriormente, la Corte Suprema de Justicia de la Nación rechazó el recurso presentado por la asociación.
Si bien la justicia ordenó rectificar su partida de nacimiento para que refleje su verdadera filiación biológica, también dispuso que Miriam pueda conservar el apellido Fernández tanto en ese documento como en toda su documentación personal.
¿Qué estaba en juego?
Este caso refleja una tensión profunda entre dos derechos igualmente importantes:
- Por un lado, el derecho individual de Miriam a mantener el apellido con el que construyó su identidad social, personal y afectiva durante más de cuatro décadas.
- Por otro, el interés colectivo vinculado a los delitos de lesa humanidad, en particular, el derecho a restituir plenamente la identidad de las personas víctimas de apropiación.
¿Cómo resolvió la justicia?
El Tribunal realizó lo que en derecho se conoce como una ponderación de derechos: evaluó ambos intereses y buscó una solución que respetara, en la mayor medida posible, a todos los involucrados.
En ese análisis se tuvo especialmente en cuenta que:
- Miriam ha sido conocida durante más de 43 años como Fernández.
- El artículo 69 del Código Civil y Comercial permite apartarse del apellido biológico cuando existen motivos justificados vinculados a la identidad personal.
- Su historia de vida, sus vínculos afectivos y su desarrollo personal forman parte de lo que se denomina identidad dinámica, que también merece protección jurídica.
Identidad individual y verdad histórica: una solución equilibrada
El fallo logró un equilibrio relevante:
- Se preserva la verdad biológica, ya que en su partida de nacimiento se deja constancia de quiénes son sus padres.
- Se respeta su identidad construida, permitiéndole conservar el apellido con el que ha vivido toda su vida.
Además, el Tribunal consideró que obligarla a cambiar su apellido implicaría consecuencias concretas y gravosas: modificar toda su documentación, alterar registros personales y laborales, y enfrentar explicaciones constantes sobre su historia, lo que podría generar una forma de revictimización.
¿Qué argumentos fueron rechazados?
La asociación sostenía, entre otras cosas, que:
- Mantener el apellido Fernández implicaba perpetuar una falsedad.
- Ese apellido era consecuencia directa de un delito de lesa humanidad.
- La cuestión del nombre no es solo individual, sino de orden público.
Sin embargo, la justicia entendió que estos argumentos no podían prevalecer por sobre el derecho de Miriam a preservar su identidad personal construida a lo largo de su vida.
Una definición clave
El fallo deja una enseñanza central:
El nombre y el apellido no son solo datos registrales. Son parte esencial de la identidad de una persona, construida a lo largo del tiempo, y su protección exige considerar no solo la verdad biológica, sino también la historia, los vínculos y la realidad vivida.
Nuestro compromiso
En Aguinaga Abogados entendemos que el derecho no es solo un conjunto de normas, sino una herramienta para proteger lo más valioso de las personas: su identidad, su historia y su dignidad.
Este caso demuestra que detrás de cada expediente hay una vida, una trayectoria y derechos que no pueden analizarse de manera abstracta. Por eso, asumimos cada defensa con una mirada estratégica, pero también profundamente humana, orientada a encontrar soluciones jurídicas sólidas que respeten la complejidad de cada situación.
Intervenir en este tipo de conflictos —donde se cruzan derechos individuales, intereses colectivos y cuestiones de alta sensibilidad institucional— exige experiencia, criterio y firmeza.
Ese es el estándar con el que trabajamos.

